miércoles, 7 de enero de 2026


 

¿DONDE HAY NEGOCIO? SECTORES EN CRECIMIENTO

El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal: lo que cuenta es el valor de continuar". (Winston Churchill). 

Hay sectores en crecimiento que ofrecen buenas oportunidades de negocio para el emprendimiento, aunque montar un negocio en uno de ellos no siempre nos garantiza el éxito. Como todo, presenta matices. Por supuesto que hay sectores al alza como la innovación y la tecnología pero también es cierto que hay sectores tradicionales por los que merece la pena seguir apostando.

Si por algo se caracteriza el mercado es por la profunda variabilidad tanto de oferta como de demanda, conviviendo los negocios más disruptivos y tecnológicos con una vuelta a negocios artesanales y personales que también tienen su público.

STEM y tecnología

Su aplicación es transversal a muchas disciplinas en fuerte expansión: robótica, inteligencia artificial, ciencia de datos, apps, tiendas online, etc. De momento las mujeres, aunque demostramos un creciente interés, todavía estamos infrarrepresentadas en este área, salvo en lo relativo a las ingenierías.

Marketing

Está experimentando un crecimiento desde hace años que parece no tener fin por su creciente complejidad: creadores de contenidos, copyrighters, expertos en experiencia de usuarios, etc. Además, la necesidad de marketing no es solo de las grandes corporaciones, sino que cualquier negocio, por pequeño que sea precisa de esos desarrollos.

Servicios para el hogar

Cada vez es mayor la demanda de servicios para los hogares en los que ambos miembros de la pareja trabajan y disponen de poco tiempo para realizar tareas básicas: comida preparada, limpieza, cuidado de niños, plancha, tintorería, gestiones varias, etc. Son cada vez más las familias que buscan soluciones cómodas y eficaces para el cuidado de su hogar o sus seres queridos. Son los denominados SAD (Servicios de Atención a Domicilio).

Silver economy o economía de los mayores

Servicios para mayores de 65. Los especialistas en este sector afirman que hay que poner el foco en esta área de crecimiento que constituye un pilar de la economía del futuro. La mayoría de los países están madurando a una gran velocidad y el envejecimiento de la población, junto con la mejora en la esperanza y la calidad de vida, ha propiciado la aparición de este rentable nuevo mercado: los mayores de 65 años. Son personas que cada vez están más alejadas de los estereotipos que teníamos hasta ahora: son activas, digitales, gozan de buena salud y de una libertad financiera mayor y cada vez necesitan más servicios diversos.

Alimentación de calidad

Frente a todas las tendencias de comida rápida que imperan en el mercado existe un gusto cada vez más acentuado por productos orgánicos, no procesados, elaboraciones artesanas y comida cuidada en todo su proceso de preparación. En relación a la alimentación como factor fundamental para la salud ''se consolida la tendencia de cuidar más lo que comemos'', según el informe “La alimentación consciente” de este mismo organismo. El 55% de los consumidores prioriza la alimentación saludable, según datos de Mckinsey.

Salud y bienestar

Todo lo que tiene que ver con nutrición, salud, cuidados, bienestar y estética constituye una apuesta segura en la que cada vez hay más clientes dispuestos a que determinadas rutinas sanas formen parte de su vida cotidiana.

Turismo de calidad

Una apuesta por aventuras de turismo alejadas de lo convencional: empresas, viajes temáticos, experiencias gastronómicas, vinícolas, cinéfilas, etc. Además, las nuevas tendencias del mercado y la digitalización ofrecen alternativas distintas como alojamientos sostenibles, apps, blogs, plataformas, etc. Los usuarios también aprovecharán las ventajas del trabajo híbrido para viajar y combinar "el ocio con el negocio" y buscarán servicios y experiencias personalizadas. El número creciente de nómadas digitales exige nuevos servicios para responder a una nueva realidad.

Mascotas

El sector de los animales de compañía ofrece oportunidades significativas, impulsado por la creciente prioridad que los dueños dan al bienestar de sus animales. La innovación tecnológica impulsa nuevos modelos de negocio, como la telesalud para mascotas, aplicaciones móviles para el cuidado y seguimiento de la salud animal y plataformas de servicios personalizados. Estas innovaciones mejoran la vida de las mascotas, a la vez que abren puertas a empresas y startups que ofrecen desde alimentación personalizada hasta dispositivos de monitoreo en tiempo real. Por supuesto hay múltiples posibilidades en todo lo relacionado con ropa, alimentos (snacks, comida especializada), suplementos alimenticios, servicios de peluquería, juguetes y accesorios.

Tener una idea de uno de estos sectores en auge puede ser positivo, pero no suficiente. No basta solo con eso. Hace falta que la emprendedora que se encuentra detrás de ese proyecto cuente con unas competencias específicas, un plan de negocio que avale la viabilidad técnica del mismo y mucha, mucha pasión para aguantar los obstáculos que surgirán en ese camino. A eso habrá que sumarle paciencia suficiente para esperar la llegada de resultados económicos favorables.

Publicado el miércoles, 7 de enero de 2026 a las 16:22 por Juan Bueno

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viernes, 2 de enero de 2026


MOTIVACION EMPRENDEDORA, ¿EN FEMENINO?

 “Me enseñaron que el camino del progreso no es rápido, ni fácil” Marie Curie

La inestabilidad y la incertidumbre son factores directamente relacionados con esta época de cambio en la que la iniciativa emprendedora crece desde hace años de forma sostenida (el último Informe del Observatorio del Emprendimiento GEM confirma que la actividad emprendedora reciente en España encadena cuatro años de crecimiento). Y mucho se habla del emprendimiento femenino al que le cuesta más consolidar su proyecto, según los expertos, por dos circunstancias claras: una mayor necesidad de conciliar que los varones y una cierta aversión a solicitar créditos porque las mujeres queremos, en mayor medida que ellos, emprender con fondos propios. En este sentido los datos son tozudos. ¿Sabías que, por ejemplo, en España, las mujeres tenemos un 30% menos de probabilidades de acceder a financiación que un emprendedor varón, según datos de la Cámara de Comercio de Madrid?

 

¿Pero existe realmente un emprendimiento propio solo atribuible a las mujeres? Vamos a reflexionar juntas sobre esta cuestión. La Cámara de Comercio de Madrid afirma que las mujeres emprendedoras suelen construir redes de colaboración y apoyo entre sí, intercambiando conocimientos y creando comunidades sólidas. Este nuevo modelo de gestión basado en la participación y en las relaciones de cooperación e intercambio pone en valor ciertos aspectos de comportamiento considerados como típicamente femeninos, como la habilidad para las relaciones personales y la expresión de los sentimientos. Aunque las mujeres, lógicamente, no somos un grupo homogéneo y hay diferencias entre unas y otras, sí parecen existir algunas cualidades muy atribuibles al género femenino. Y esas competencias, ¿nos ayudan a la hora de emprender? Tal vez sí, porque hay numerosos estudios que ponen de manifiesto importantes diferencias en cómo las mujeres y los hombres ejercen la función gerencial y el liderazgo. Y pocos ejemplos hay de auto liderazgo y auto dirección más contundentes que un proceso de emprendimiento.

La irrupción de las mujeres pisando fuerte en el ecosistema empresarial amplía la perspectiva con otro enfoque porque aunque la dirección de las empresas y el impulso de negocios estén fuertemente masculinizados tenemos mucho que aportar basándonos en nuestras características personales, actitudes y valores. Incluso aspectos que se han visto como limitaciones pueden convertirse en fortalezas. La baja autoestima y la desconfianza de las mujeres en su saber hacer (motivada en muchos casos por la falta de reconocimiento de su aportación a la sociedad y a la actividad económica) nos hace especialmente receptivas al aprendizaje y a los cambios, lo que se puede traducir en un mecanismo de superación y perseverancia orientado al logro de los objetivos personales y profesionales.

Ya sabemos que no todos (mujeres y hombres) servimos para ser empresarios y llevar a cabo un proyecto. Hacen falta cierta “madera” y unas competencias específicas, (resiliencia, adaptación, comunicación, planificación) pero todas ellas, tanto las competencias como la capacidad de liderazgo pueden practicarse, aprenderse y mejorarse. En este aprendizaje las mujeres contamos con muchos activos de partida que son el resultado del trabajo en el ámbito doméstico, convirtiendo, una vez más, en fortalezas lo que, a priori, podría considerarse una debilidad. Así, nuestra experiencia en la gestión de la unidad de convivencia que supone un hogar abarca el desempeño de tareas como gestionar el presupuesto, detectar necesidades, ocuparse del suministro, la logística, coordinar las múltiples tareas, mediar en conflictos, motivar o comunicar de forma eficiente. En muchos casos, las amas de casa tradicionales pueden estar mejor preparadas para crear y dirigir una empresa de lo que lo estuvieron muchos grandes empresarios en sus inicios. Nos afecta más la mentalidad social que nuestras propias capacidades.

Para responder a la pregunta que nos hacíamos al principio sobre un emprendimiento femenino creo que es indudable que hay sectores donde la presencia de la mujer es más visible y numerosa: sanitario, servicios sociales, educación y comercio al por menor. Pero también es cierto que un número creciente de mujeres está liderando starts ups emergentes en sectores como la tecnología (I.A o Big Data) y que cada vez hay más presencia femenina en carreras tradicionalmente masculinas (STEM)

En definitiva creo que se trata de estar muy preparadas para afrontar un mundo cambiante y lleno de oportunidades, de convertir todo nuestro potencial en talento y entender que el mercado requiere profesionales competentes, motivados y comprometidos, y tanto unos como otras podremos aportar desde nuestra idiosincrasia modelos de referencia que inspiren y promuevan la cultura emprendedora.

Publicado el viernes, 2 de enero de 2026 a las 13:01 por Juan Bueno

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domingo, 21 de diciembre de 2025


Emprender: una montaña rusa de emociones.

“Solo con el corazón se puede ver bien: lo esencial es invisible a los ojos”.

Antoine de Saint-Exupéry, El principito.

La inteligencia emocional es una de las habilidades más importantes para emprender pues es esencial para manejar las emociones, comunicarse mejor y resolver los problemas de forma más eficiente. El psicólogo estadounidense Daniel Goleman cree que la inteligencia emocional es más importante que el coeficiente intelectual, porque en los negocios hay una base común que es la relación entre las personas. Por eso, conocer y poner nombre a nuestras emociones nos permitirá demás detectar esas emociones en los demás lo que facilita establecer relaciones, comunicarse o negociar. La inteligencia emocional es la capacidad que un individuo tiene para percibir, comprender y gestionar sus propios sentimientos y mociones y presenta cinco características, que son:

1.Conciencia de sí mismo (me conozco y soy consciente de mis rasgos, fortalezas y debilidades)

2. Autorregulación (autocontrol)

3. Motivación (intrínseca y extrínseca, que ya abordamos en otro post)

4. Habilidades sociales

5. Empatía (capacidad de ponerme en el lugar del otro)

El entorno en el que se desarrolla el proyecto del emprendedor se compone de oportunidades, clientes potenciales, variables tangibles e intangibles, aspectos sociales, demográficos, coyunturales, legislativos, económicos, modas, tendencias, etcétera. Una correcta gestión emocional nos permite adaptarnos al entorno de nuestros proyectos, nos ayuda a comunicarnos de forma más efectiva con nuestros clientes y a conectar con sus necesidades reales, a ser más resilientes ante las dificultades (enfrentarnos a las adversidades y salir fortalecidas de ellas). Por el contrario, las personas con escasa inteligencia emocional son más propensas a potenciar emociones negativas, intensificando sus miedos y bloqueos y afectando al desarrollo de sus proyectos. Es decir, el viaje que empezamos con el emprendimiento es complejo: tenemos que gestionar nuestro negocio (con éxito y paciencia) y a nosotros mismos (también con éxito y mucha paciencia).

Debemos aprovechar y fomentar nuestras emociones positivas porque desde ahí el crecimiento es más fácil, pero no nos engañemos: también sentiremos emociones negativas.

Y son necesarias porque conocer la tristeza nos hará valorar la alegría; sufrir en el desamor nos hará disfrutar el amor. Lo que es importante es no “recrearse” en las emociones negativas, saber que estamos en la parte oscura del túnel y no buscar la luz.

Un planteamiento realista que debe acompañarnos es saber que nos vamos a enfrentar a dificultades y no todo será un camino de rosas, pero el hecho de anticiparlo ya nos ayudará a hacer una mejor gestión de esos obstáculos. Nuestras emociones pueden ser aliadas o enemigas. Como aliadas serán un motor de impulso para nuestro proyecto y como enemigas se convertirán en un freno que nos debilite.

¿Por qué hablamos de una montaña rusa emocional? Simplemente porque hay subidas y bajadas y además son rápidas. Los expertos hablan de las siguientes etapas del proceso emocional del emprendimiento:

Euforia. Si idealizamos nuestro producto o servicio y su impacto en el mercado (“me lo quitan de las manos”) habrás iniciado un camino que te aleja de la realidad y que provocará frustración.

Desilusión. ¡Vaya! Esto está resultando más complejo de lo previsto. Y de repente, ese producto o servicio maravilloso ya no lo es tanto y me imagino escenarios de catástrofe. Pues probablemente, ni una cosa ni la otra. 

Reajustes. Optimismo realista. El punto intermedio suele representar el equilibrio. He aprendido tanto del periodo de euforia como del de desilusión y comprendo que gestionar mis emociones y acciones desde un enfoque realista es lo más adecuado. Tendré que adaptar todo lo que sea necesario de mi plan de empresa: producto, servicio, precio, atributos, canales, publicidad, etc.

Pero ¡cuidado! No hablamos de controlar nuestras emociones e impedir que se manifiesten. Hablamos de gestionarlas de forma positiva. Nuestra educación y entorno ha favorecido el bloqueo emocional en lugar de escuchar a nuestras emociones, reflexionar sobre lo que nos dicen, ponerles nombre y finalmente, gestionarlas.

Os lanzo una reflexión muy íntima y personal: ¿Eres dueña de tus emociones o son ellas las que mandan sobre ti? ¿Te afectan más las positivas o las negativas? ¿Sabes que las emociones se contagian? ¿De qué tipo de personas te rodeas? Si la respuesta a alguna de estas preguntas no te gusta, piensa qué tienes que hacer para cambiar esa situación. No podemos controlar de forma total nuestras emociones pero sí podemos decidir qué hacemos con ellas. Esa actitud sí es nuestra decisión.


Publicado el domingo, 21 de diciembre de 2025 a las 18:56 por Juan Bueno

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jueves, 11 de diciembre de 2025

 

Se aplaza la entrada en vigor obligatoria del sistema Verifactu hasta enero de 2027

Publicado el jueves, 11 de diciembre de 2025 a las 19:16 por Juan Bueno

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“Solo con el corazón se puede ver bien: lo esencial es invisible a los ojos”

Antoine de Saint-Exupéry, El principito.

La inteligencia emocional es una de las habilidades más importantes para emprender pues es esencial para manejar las emociones, comunicarse mejor y resolver los problemas de forma más eficiente. El psicólogo estadounidense Daniel Goleman cree que la inteligencia emocional es más importante que el coeficiente intelectual, porque en los negocios hay una base común que es la relación entre las personas. Por eso, conocer y poner nombre a nuestras emociones nos permitirá demás detectar esas emociones en los demás lo que facilita establecer relaciones, comunicarse o negociar. La inteligencia emocional es la capacidad que un individuo tiene para percibir, comprender y gestionar sus propios sentimientos y mociones y presenta cinco características, que son:

  1. Conciencia de sí mismo (me conozco y soy consciente de mis rasgos, fortalezas y debilidades)
  1. Autorregulación (autocontrol)
  1. Motivación (intrínseca y extrínseca, que ya abordamos en otro post)
  1. Habilidades sociales
  1. Empatía (capacidad de ponerme en el lugar del otro)

El entorno en el que se desarrolla el proyecto del emprendedor se compone de oportunidades, clientes potenciales, variables tangibles e intangibles, aspectos sociales, demográficos, coyunturales, legislativos, económicos, modas, tendencias, etcétera. Una correcta gestión emocional nos permite adaptarnos al entorno de nuestros proyectos, nos ayuda a comunicarnos de forma más efectiva con nuestros clientes y a conectar con sus necesidades reales, a ser más resilientes ante las dificultades (enfrentarnos a las adversidades y salir fortalecidas de ellas). Por el contrario, las personas con escasa inteligencia emocional son más propensas a potenciar emociones negativas, intensificando sus miedos y bloqueos y afectando al desarrollo de sus proyectos. Es decir, el viaje que empezamos con el emprendimiento es complejo: tenemos que gestionar nuestro negocio (con éxito y paciencia) y a nosotros mismos (también con éxito y mucha paciencia).

Debemos aprovechar y fomentar nuestras emociones positivas porque desde ahí el crecimiento es más fácil, pero no nos engañemos: también sentiremos emociones negativas.

Y son necesarias porque conocer la tristeza nos hará valorar la alegría; sufrir en el desamor nos hará disfrutar el amor. Lo que es importante es no “recrearse” en las emociones negativas, saber que estamos en la parte oscura del túnel y no buscar la luz.

Un planteamiento realista que debe acompañarnos es saber que nos vamos a enfrentar a dificultades y no todo será un camino de rosas, pero el hecho de anticiparlo ya nos ayudará a hacer una mejor gestión de esos obstáculos. Nuestras emociones pueden ser aliadas o enemigas. Como aliadas serán un motor de impulso para nuestro proyecto y como enemigas se convertirán en un freno que nos debilite.

¿Por qué hablamos de una montaña rusa emocional? Simplemente porque hay subidas y bajadas y además son rápidas. Los expertos hablan de las siguientes etapas del proceso emocional del emprendimiento:

Euforia. Si idealizamos nuestro producto o servicio y su impacto en el mercado (“me lo quitan de las manos”) habrás iniciado un camino que te aleja de la realidad y que provocará frustración.

Desilusión. ¡Vaya! Esto está resultando más complejo de lo previsto. Y de repente, ese producto o servicio maravilloso ya no lo es tanto y me imagino escenarios de catástrofe. Pues probablemente, ni una cosa ni la otra. 

Reajustes. Optimismo realista. El punto intermedio suele representar el equilibrio. He aprendido tanto del periodo de euforia como del de desilusión y comprendo que gestionar mis emociones y acciones desde un enfoque realista es lo más adecuado. Tendré que adaptar todo lo que sea necesario de mi plan de empresa: producto, servicio, precio, atributos, canales, publicidad, etc.

Pero ¡cuidado! No hablamos de controlar nuestras emociones e impedir que se manifiesten. Hablamos de gestionarlas de forma positiva. Nuestra educación y entorno ha favorecido el bloqueo emocional en lugar de escuchar a nuestras emociones, reflexionar sobre lo que nos dicen, ponerles nombre y finalmente, gestionarlas.

Os lanzo una reflexión muy íntima y personal: ¿Eres dueña de tus emociones o son ellas las que mandan sobre ti? ¿Te afectan más las positivas o las negativas? ¿Sabes que las emociones se contagian? ¿De qué tipo de personas te rodeas? Si la respuesta a alguna de estas preguntas no te gusta, piensa qué tienes que hacer para cambiar esa situación. No podemos controlar de forma total nuestras emociones pero sí podemos decidir qué hacemos con ellas. Esa actitud sí es nuestra decisión.

Publicado el a las 17:05 por Juan Bueno

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lunes, 17 de noviembre de 2025




 

Una conocida actriz española le dijo a su madre cuando apenas era una jovencita que quería abandonar su ciudad de provincias e irse a Madrid para triunfar en cine y teatro. La madre puso el grito en el cielo diciéndole que convertirse en actriz era muy inseguro, conseguir proyectos era muy incierto y sería difícil alcanzar la estabilidad laboral y financiera. Hoy releyendo esa entrevista me di cuenta de lo mucho que hay en común con la decisión de ser emprendedora primero y empresaria después.

Muchas personas, hombres y mujeres, llegan al mundo del emprendimiento persiguiendo su sueño, tratando de alcanzar una meta que anhelan y que puede ser su mejor desempeño profesional. Pero ese camino no es ni rápido ni sencillo. Puede estar lleno de obstáculos y dificultades, algunas que podemos anticipar y otras completamente inesperadas. Entonces, ¿Por qué cada vez es mayor el número de mujeres que quieren emprender? ¿Por qué muchas abandonan trabajos y sueldos seguros para enfrentarse a la incertidumbre de gestionar un proyecto? En ocasiones, persiguiendo un sueño y otras buscando una salida profesional.

La senda del emprendimiento es una aventura. Ya seas hombre o mujer te vas a adentrar en un camino impreciso, inseguro, muy cambiante, sujeto a vaivenes del mercado, la legislación o los gustos de los clientes. Y además en el caso de las mujeres hay unas circunstancias que pueden complicar un poco más ese panorama.

Aspectos como los roles tradicionalmente asumidos por las féminas, la conciliación o dedicar más tiempo a las obligaciones familiares pueden complicar la dedicación que requiere el lanzamiento de un negocio y su mantenimiento después.

No nos podemos engañar: cualquier persona no sirve para emprender. La puesta en marcha de un negocio exige tener una serie de competencias (habilidades blandas” o transversales) que no todos poseen. Y este tal vez sea el primer análisis que hay que abordar. En mi vida profesional he conocido a personas (hombres y mujeres) que eran excelentes técnicos y directivos en una multinacional, una empresa familiar o en la administración, y que al convertirse en empresarios sumaron a su haber un sonoro fracaso. Claro que una buena experiencia profesional por cuenta ajena es importante. Nos ayuda a desarrollar competencias propias del negocio o sector, añade vivencias de las que sacar aprendizajes y a poner en práctica los conocimientos propios del puesto. Pero no es garantía de éxito en el mundo empresarial, en nuestro proyecto de auto empleo

Ser empresaria requiere una buena dosis de auto gestión y auto disciplina. Porque en ocasiones lideramos un pequeño proyecto con plantilla reducida o incluso estamos solo nosotras al frente. ¿Y qué sucede en ese caso? Pues que nos convertimos en la directora general y la persona encargada de la limpieza al mismo tiempo. Y asumimos la función financiera, administrativa, de operaciones, comercial, marketing, recursos humanos…. En definitiva, todo. Y es complejo asumir todas esas tareas con roles tan distintos.

En un modelo por cuenta ajena existen muchos servicios y herramientas que nos proporciona la propia empresa, pero en el caso de nuestro propio proyecto nos tendremos que ocupar de todo. Tal vez no en primera persona y pueda contratar o delegar algunas tareas, pero no en exceso porque los primeros tiempos de un proyecto suelen estar marcados por la necesidad de controlar mucho los gastos y no comprometerse ante excesivos costes fijos.

La mujer empresaria tendrá que ser hábil en temas de comunicación, manejar de forma clara la negociación, tener capacidad organizativa, de control y planificación. Deberá ser resiliente (saber enfrentarse a las adversidades y salir fortalecida de ellas), creativa, hábil manejando las relaciones interpersonales, tolerar bien la incertidumbre, tener un amplio conocimiento de su mercado, practicar la curiosidad permanente y ser proactiva, flexible y muy analítica. Si tienes estas competencias y además una buena idea que sea validada técnicamente como viable tal vez éste sea su camino. Si estas dispuesta a pelear, a caerte y volver a levantarte sin perder la pasión por lo que haces entonces tienes madera de empresaria.

Si tienes un sueño, pelea por conseguirlo, pero no a cualquier precio. No te lances a la piscina si no tiene agua suficiente. No hay acción sin reflexión.

Publicado el lunes, 17 de noviembre de 2025 a las 17:06 por Juan Bueno

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jueves, 13 de noviembre de 2025

 


“Ninguno de nosotros es tan inteligente como todos nosotros juntos”

(Ken Blanchard)


A lo largo de varias décadas de profesión todavía no he encontrado a ninguna persona que afirme que nole gusta trabajar en equipo. En entrevistas de selección, en planes de desarrollo o en diagnósticos de necesidades formativas, todos afirmamos con rotundidad que nos gusta hacerlo: compartir, colaborar y trabajar juntos por una meta común. Idílico. Positivo. Incluso transformador.

Pero la realidad suele ser tozuda y la práctica nos demuestra que trabajar en equipo es de las acciones más complejas que desarrollamos en nuestra faceta profesional.

Francamente complicado. Pero nadie es capaz de reconocer que le cuesta y que, en muchas ocasiones, le gustaría trabajar en silencio, sin nadie alrededor, sin tener que colaborar y rendir cuentas a los demás miembros del equipo. En ocasiones esa soledad es reconfortante y más llevadera. Pero, repito, no lo queremos reconocer porque no deseamos ser tachados de anti sociales, poco cooperadores y nada generosos. Al contrario, deseamos proyectar una imagen idílica, de un equipo cohesionado (todos a una), que vencen juntos las dificultades, y celebran juntos los logros. Todo sonrisas.

Lo primero que tenemos que entender es que el trabajo en equipo es un acto de generosidad y de renuncia propia ya que aunaremos nuestros esfuerzos por la consecución de un bien u objetivo común, y perderemos parte de nuestro protagonismo individual en aras del éxito del equipo. Cuando se juntan personas con distintas competencias, conocimientos diversos y trayectorias particulares y se fijan una meta común aparece entonces el concepto de sinergia, como la unión o suma de energías constructivas. Y el resultado se suele traducir en un aumento de la productividad y un mejor resultado. Pero es un camino que no está exento de obstáculos, y reconocer que existen nos hará estar mejor preparados para afrontarlos.

¿Qué tenemos que hacer para que las cosas funcionen? Cuidar los aspectos humanos y personales, porque detrás de ese equipo profesional hay personas, seres humanos que desarrollan juntos sus actividades laborales pero parten de distintas motivaciones, gestionan mejor o peor sus emociones o viven sus dificultades de una manera distinta.

La primera clave es la comunicación. Como proceso de interacción humana es complejo porque intervienen muchos elementos y algunos escapan a nuestro control (la predisposición del receptor, sus propias barreras, el medio elegido). Por eso es necesario que la comunicación sea clara y precisa, que se aleje de prejuicios o recelos.

Hay que practicar la escucha activa hacia los demás: no solo oír, sino escuchar y hacerlo con una predisposición positiva y un talante abierto. Sólo así se sentarán las bases para crear unas relaciones sanas, flexibles y felices. 

La segunda es establecer los roles con claridad. Es preciso determinar qué hace cada uno, asignar las tareas, los tiempos y si fuera necesario los recursos y confiar en que los demás miembros del equipo cumplirán con su parte de lo acordado. La falta de cumplimiento de los objetivos puede comprometer los resultados del equipo y producir un daño enorme que es la pérdida de confianza.

La tercera es compartir. Poner en común conocimientos, destrezas o vivencias enriquece a todo el equipo, favorece una toma de decisiones más rica e interesante.

Estamos en la era de la globalización, de la cooperación, del aprendizaje colaborativo. 

No lo estropeemos por falsos sentidos de la propiedad. Aquello que voy a compartir probablemente me volverá aumentado.

La cuarta afrontar los conflictos desde la tolerancia. Sería muy infantil pensar que la vida de un equipo de trabajo no pasa por distintas fases y prácticamente en todas pueden surgir conflictos, pequeñas o grandes diferencias de criterio, formas opuestas de ver los temas. El conflicto es inherente al equipo. ¿Qué hacer entonces? Tenemos que poner en marcha estrategias para llegar a acuerdos, para ceder, para explicar nuestro criterio, para escuchar el punto de vista de los demás y para adoptar soluciones de consenso. En unas ocasiones triunfará tu idea y otras veces no lo hará.

Pero se adoptará desde el respeto, la tolerancia y la flexibilidad.

Solo así seremos un equipo: un conjunto de personas ordinarias que consiguen resultados extraordinarios.

May Ferreira

Publicado el jueves, 13 de noviembre de 2025 a las 11:13 por Juan Bueno

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miércoles, 28 de diciembre de 2022

 La cuidadanía – parafraseando la definición de la socióloga Isabel Aler- hace referencia  a aquellas prácticas ciudadanas que cuidan nuestros vínculos, por el simple hecho de ser sociales, desde el origen de los individuos. El término trae a la actualidad una necesidad de redimensionar el lugar político, cultural y simbólico de los cuidados en la memoria colectiva y también en la cotidianidad que nos marca desde las edades más tempranas.

¿Quién no recuerda el primer abrazo después de una despedida, el silencio consolador ante la batalla perdida, o el “sí que te entiendo, aunque yo no haya pasado antes, por lo que estás pasando tú”, que tanto restituye la valía personal, y el valor de ese ser –anónimo o no- que tuvo a bien cuidarnos? Son eventos que volvemos a pasar por el corazón.

¿Con qué asociamos la palabra cuidados? Antropológicamente, cuidar es una condición de nuestro ser social. En un primer nivel –personal-  de la relación madre-criatura, es el entorno descrito por Piera Aulagnier cuando afirmó que “en cada sorbo de leche, va un sorbo de mundo”; en un segundo nivel, cuidar remite a la ciudadanía de las madres, o sea, a ese entorno próximo no materno que provee cuidados suficientes; y en el tercer nivel, el cuidado tiene que ver con el trabajo de cuidados –sí, porque implica esfuerzo, dedicación y compromiso- de toda la comunidad, de todos hacia todos en lo que a aspectos materiales, emocionales y morales se refiere y especialmente a las personas dependientes. La evolución cultural y de género ha aportado luz, especialmente a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días, en cuanto a estas formas más colectivas del cuidado, que atañe a todas y todos.

Sin embargo, coincidiendo con Carolina del Olmo “vivimos de espaldas a la realidad de los cuidados, al hecho de que todos hemos sido niños, todos hemos estado o estaremos enfermos alguna vez y todos vamos a ser viejitos. Parece que fingiéramos que durante todo el tiempo y durante toda la vida somos individuos autónomos, sanos e independientes”; obviando –como propiedad de cada ser humano- el derecho a cuidar y ser cuidados, a amar y desear y ser amados y deseados, a lo largo de la vida como fuente de vínculos seguros generadores de la necesaria autonomía, y no a la inversa.

En medio de la inmediatez, las prisas, las relaciones precarias y el estrés, la cotidianidad nos habla de la capacidad, que habita en cada persona y que puede –o no- impulsarle a la autonomía máxima posible,  a través de prácticas que resisten la cultura del individualismo, y emergen como nuevas formas de cuidadanía: jornadas de paternidades responsables, asociaciones de madres en solitario, o de madres solteras por elección, de familiares cuidadoras y cuidadores, profesionales cuidando al cuidador, proyectos de hombres con cuidado frente a la problemática del desempleo. Estas últimas, reconociendo vulnerabilidades negadas al “sexo fuerte”, en su fragilidad existencial de hombre educado en exclusiva para ser hombre trabajador; por solo hacernos eco de algunas. Son todas, en su diversidad y extensión, formas de cuidadanía más o menos organizada.

Importa entonces recuperar para lo común, el concurso de los poderes y saberes públicos y privados. Conviene sumar el potencial individual y colectivo entre las diferentes generaciones, entre los diferentes tipos de familias, en personas con diversidad funcional que afrontan problemáticas comunes, y que hoy transitan sus vulnerabilidades particulares a nivel individual, familiar o colectivo, prácticamente de manera invisible y solitaria.

Es alentador en la deconstrucción de una ciudadanía más saludable, revisitar creativamente y a la luz de nuevas prácticas de vida, conceptos que imbriquen una relación actualizada con los cuidados, para que éstos dejen de ser expropiados, en su capacidad de vincular a las personas desde la máxima autonomía, tan necesaria como posible. Se requiere para crecer como humanos y desarrollarnos como sociedad.

Tatiana Cordero

Psicóloga

 

Algunas lecturas:

1. Blog Tenemos Tetas: Entrevista a Isabel Aler. http://www.tenemostetas.com/2011/10/isabel-aler-transformar-la-ciudadania.html

2. Romero, Concepción A., Aler Gay, Isabel., Olza Fernandez, Ibone. Maternidad y

Salud: Ciencia, Conciencia y Experiencia. Informes, Estudios e Investigación.

Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2012.

3. Del Olmo, Carolina. ¿Dónde está mi Tribu?: Maternidad y Crianza en una Sociedad

Individualista. - http://www.eldiario.es/sociedad/conciliacion-tomadura-pelo_0_183031958.html

Publicado el miércoles, 28 de diciembre de 2022 a las 9:30 por Juan Bueno

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martes, 27 de diciembre de 2022

Las cifras de dependencia en España no paran de crecer, y en ello tiene un impacto claro la actual pirámide poblacional, con un claro descenso de la natalidad en un extremo, y personas que cada vez vivimos más y además deseamos hacerlo en las mejores condiciones posibles, en el otro extremo.

Sarah Harper, gerontóloga y demógrafa británica “la vejez llega cuando nos convertimos en dependientes”. En la ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a la personas en situación de dependencia se establece que la dependencia es el estado de carácter permanente en el que se encuentran las personas que, por razones derivadas de la edad, la enfermedad o la discapacidad, y ligadas a la falta o la pérdida de autonomía física, mental, intelectual o sensorial, precisan de la atención de otra u otras personas o ayudas importantes para realizar actividades básicas de la vida diaria, o en el caso de la personas con discapacidad intelectual o enfermedad mental, de otros apoyos para su autonomía personal.

Cada vez nos hacemos más mayores, y aunque solemos tener una buena calidad de vida has aspectos que ésta que no podemos solventar de forma completamente independiente y requerimos una ayuda externa, alguien que complemente esas capacidades que, poco a poco, vamos perdiendo.

Esta situación pone en un brete al actual sistema de pensiones, porque, ¿hasta dónde alcanzará con el planteamiento actual? ¿es sostenible en el tiempo prestar los servicios necesarios a personas que alcanzan los 90 años o más con una calidad de vida más que respetable? Algunas de las regiones más longevas de España, como Galicia se sitúan también entre las que tienen una tasa de dependencia más alta.

Desde un punto de vista mercantilista surgen nuevos negocios y profesiones en torno a los cuidados y atenciones que requieren las personas en situación de dependencia, y la tendencia para 2023 es clara: al alza. Pero la cuestión que se plantea es: ¿podrán las administraciones públicas atender esas crecientes necesidades?

El fenómeno de la dependencia ha alcanzado unas cifras que hacen que esta problemática haya salido del ámbito puramente privado (las familias debían solventarlo con sus propios recursos) a trascender al ámbito de lo público, debiendo aumentar las administraciones tanto su implicación como sus dotaciones presupuestarias, técnicas y de recursos humanos.


Publicado el martes, 27 de diciembre de 2022 a las 10:18 por Juan Bueno

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domingo, 25 de febrero de 2018

Una recopilación de los 10 artículos más leídos y de los 5 vídeos más vistos en el Blog de Recursos Humanos



Ver los artículos aquí: https://www.slideshare.net/RHGYF/los-10-post-mas-leidos

Publicado por Juan Bueno.
Managing Partner de R&H Talento y Personas


https://acumbamail.com/signup/53558/ce1a82e2-847a-11e3-985f-02163e4563a2/

Publicado el domingo, 25 de febrero de 2018 a las 9:18 por Juan Bueno

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El fracaso es la más habitual de las experiencias. Si pensamos en fracaso como sinónimo de error, derrota o frustración debemos aceptar que nuestra vida está llena de pequeños fracasos. Mínimos, pero en lo cotidiano los míos son abundantes: una presentación no alcanza el nivel que yo quería, no dispongo de tiempo suficiente para una amiga que me necesita esta misma tarde o tengo un desencuentro con un familiar. Son fracasos de pequeña entidad, a los que nos sobreponemos con naturalidad y con el ritmo propio de una vida llena. También los tenemos grandes. A los fracasos me refiero. Afortunadamente son menos numerosos y menos abundantes. 

Si echamos la vista atrás todos tenemos fiascos que contar y algunos que han dejado huellas importantes, sino visibles: Rupturas sentimentales, proyectos laborales fallidos, etc. Y ese análisis suele ser negativo o estar impregnado de dolor. Claro, salvo excepciones, no somos masoquistas, y se vive mejor en las mieles del triunfo que en la amargura del fracaso. Pero esto, a mi modo de ver, no es del todo cierto.
Nuestras creencias limitantes y nuestro bagaje educacional tiene mucho que ver y se convierte en un lastre pesado, difícil de sacudir, que no nos facilita la vida. No, bien al contrario nos hace vivir cada pequeño malogro como una dolorosa muesca. Me revelo a dejarme hundir en ese naufragio. Y no quiero tampoco que lo hagan los míos.
Recientemente comentaba con una buena amiga un episodio que, en mi modesta opinión, no favorece nada nuestro sistema educativo. Mi hija de 8 años contaba un poco acomplejada que ella y varios de sus compañeros habían sido llevados a una clase de niños más pequeños cuando se habían equivocado un par de veces en hacer un ejercicio o los deberes. El castigo era tener que compartir una hora de clase con los peques y de esa forma exponer su torpeza al escaparate público. Lejos de conseguir ningún efecto beneficioso o motivador hacia el estudio tanto mi hija como otros niños manifestaban su deseo de no ir al colegio de forma reiterada. Desde luego acudimos a hablar con su tutora para cesar esta práctica de inmediato.
Mi amiga me contaba que su hijo de 16 años y que había pasado un año estudiando en Canadá contaba la experiencia contraria: allí le animaban en clase a dar soluciones o alternativas a los temas que se planteaban, y si éstas no eran correctas (lo que podía ocurrir con cierta frecuencia) los profesores le ayudaban a recorrer el camino de la reflexión para entender la validez o no de sus propuestas. Jorge decía que cuando estaba en su colegio de Madrid permanecía muchas veces callado porque si levantaba la mano y se equivocaba le ponían un punto negativo. En Canadá, sus compañeros le aplaudían.

El tema educativo tiene sin duda muchas aristas y lo dejo encima de la mesa como elemento de reflexión pero creo que flaco favor le estamos a haciendo a las generaciones más jóvenes cuando no les permitimos equivocarse para aprender. Por supuesto Jorge quiere regresar a Canadá….

Volviendo al ámbito profesional yo bendigo esos reveses, esos infortunios, esos fallos que nos permiten CRECER porque ahí es donde radica el aprendizaje.
Cuando doy cursos de Comunicación, sobre todo orientados a hacer presentaciones persuasivas siempre tengo que oír expresiones como “ese tipo es un crack”, “tiene un don”, “comunica de forma natural”, y de esa manera casi alejamos la posibilidad y la presión de tener que llegar a ser buenos en una determinada materia. Y nos olvidamos, ignoro si lo hace nuestro subconsciente, que esas personas a las que vemos en la cúspide de sus carreras profesionales llevan muchos cientos, a veces miles de horas de práctica en las que habrán cometido infinidad de errores. Y esos fallos, esos pequeños estropicios en lugar de hacerles hundirse y abandonar o estancarse les han animado a analizar qué fallaba e intentar mejorar en la siguiente ocasión. Y así una y otra vez. Podían optar por frustrarse, abandonar o desilusionarse. “yo no valgo para esto” es una frase que también escucho con frecuencia.

Pues yo contesto “no temas equivocarte”, casi todos podemos hacer muchas cosas. Sólo nos hacen falta dos ingredientes: técnicas o herramientas (se aprenden) y ganas o voluntad (esas dependen de nosotros).
A lo largo de mi andadura profesional he conocido a muy pocas personas, poquísimas, con un don natural para hacer buenas presentaciones. Para el resto de los mortales es imprescindible mucha práctica, técnicas y ganas de hacerlo bien.

¿Tú las tienes? Dicen que se alcanza el grado de maestría en cualquier disciplina con 10.000 horas. Y ni siquiera estoy segura que eso te garantice el fracaso cero.
Recuerda: El fracaso es la más habitual de las experiencias.

May Ferreira



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Publicado el a las 8:07 por Juan Bueno

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miércoles, 7 de febrero de 2018

People Analytics no es sólo un término que esté de moda.
Es una nueva forma de abordar la gestión de los RR.HH. en las empresas.



















Publicado por Juan Bueno.
Managing Partner de R&H Talento y Personas


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Publicado el miércoles, 7 de febrero de 2018 a las 18:52 por Juan Bueno

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